Psicología Infantil y Adolescente



TRASTORNOS INFANTILES:

  •      TRASTORNO DE HIPERACTIVIDAD CON DÉFICIT DE ATENCIÓN (TDAH): Trastorno de conducta que comienza en la infancia. Se caracteriza principalmente por un aumento de la actividad física, impulsividad y dificultad para mantener la atención en una actividad durante un periodo de tiempo continuado. Con frecuencia suelen ser clasificados incorrectamente, por lo tanto, es imprescindible la realización de un buen diagnóstico a través de un profesional.
  •      TERRORES NOCTURNOS: Reacciones súbitas de miedo que tienen lugar en la transición de la fase de sueño más profunda al sueño más superficial. El niño se asusta, se altera, se agita, se le acelera el ritmo cardíaco, empieza a sudar, a sollozar o a gritar. Pueden ser objeto de asesoramiento o intervención psicológica por los efectos secundarios que pueden producir en el niño (miedo a dormirse, a la noche, a conciliar el sueño sólo, irritabilidad, ansiedad, etc.).
  •      ENURESIS: Emisión no voluntaria de orina por el día o por la noche, a una edad en la que se espera que haya control al respecto, es decir, más allá de los 3-4 años.
  •      ENCOPRESIS: Evacuación de heces, de forma repetida, en lugares inadecuados, puede ser de forma tanto voluntaria como involuntaria. El niño debe tener al menos 4 años, edad en la cual la mayoría de los niños pueden controlar los movimientos intestinales.
  •      TRASTORNOS DE CONDUCTA: Trastorno de la niñez y la adolescencia que implica problemas de comportamiento a largo plazo, tales como: impulsividad, agresividad, transgresión de las normas sociales, ausencia de sentimientos hacia los otros, carácter manipulador, etc.

TRASTORNOS DE LA ALIMENTACIÓN:

  •      ANOREXIA NERVIOSA: Desorden alimenticio que se caracteriza por una alteración grave de la percepción de la propia imagen, con un temor morboso a la obesidad, rechazando mantener un peso corporal mínimo.
  •      BULIMIA NERVIOSA: Necesidad que el individuo tiene de alimentarse de una forma excesiva y compulsiva porque ello le produce un efecto de satisfacción importante seguido de conductas de compensación del ‘atracón’ al tener una imagen distorsionada de su propio cuerpo.
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